No siempre las piezas que parecen más adecuadas encajan en el mismo puzle y lo de José Antonio Gil con el Orihuela CF no ha terminado siendo el matrimonio soñado. Un noviazgo de unos meses que ha tenido la ruptura definitiva este sábado 28 de febrero.
El técnico de Almoradí llegaba para dirigir al Juvenil A del conjunto escorpión como una apuesta personal de Roberto Cases. El club quería una nueva estructura y la cúspide de la cantera tenía que mandar un mensaje de carisma, liderazgo y galones.
En lo deportivo, la pelota ha sido más caprichosa que nunca y la estabilidad en los partidos ha sido una quimera hasta el último día. Partidos sin control, idas y venidas en la clasificación, talento para foguear sin tiempo y una distancia con el club que ha sido cada vez mayor.
Gil y su cuerpo técnico han escrito su mejor página en la tarde de la despedida. Ganando al líder Elda Unión en los últimos minutos, manteniendo la portería a cero y con una mezcla de amargura con orgullo como sabor de un cóctel que nunca tuvo el sabor esperado.



